viernes, 30 de noviembre de 2018

Yo sí me lo creo


¡Vaya trimestre que llevamos! No sé si sentís, a veces, la paradoja, la distancia abismal entre vuestro trabajo y el mundo que nos rodea. En esta red queremos dar voz a escolares de todas las edades, empujarles desde un espacio tan cotidiano como la escuela a tomar decisiones sobre las cosas que les afectan y asumir responsabilidades para mejorar colectivamente su entorno. Trabajar en red, o sea, con otras redes de escuelas que reman en la misma dirección, nos permite dimensionar que todo lo que hacemos desde un colegio de un pueblito de la provincia de Palencia, se suma a otras tantas iniciativas que otros tantos colegios en otras tantas provincias de España están desarrollando.

Así que, a una se le cae el alma a los pies, cuando vas un día y lees en la prensa que el tipo que, probablemente, más poder tiene en el mundo se mofa de un informe científico de casi dos mil páginas donde se detallan los efectos del cambio climático en la salud, el medio ambiente o la economía. Tampoco te lo quieres creer. Sobre todo, porque viendo el día a día de las experiencias que ponen en práctica docentes, niños y niñas, y sus familias para aportar soluciones desde su limitado campo de actuación, desde el significado que hay que darle a lo minúsculo para no sucumbir a las abrumadoras pruebas de que este mundo es una monstruosidad, te cuesta entender tanta soberbia.

Donald Trump encierra en sí mismo la esencia de lo que el patriarcado, el colonialismo y el capitalismo le han hecho al mundo: negarle la voz a las mujeres, la humanidad a todos ‘los otros’ y la existencia a la propia naturaleza. Estoy segura de que es de los que piensa, como dice un amigo mío, que en este mundo ‘todo se arregla con dinero’. Pero mira por dónde, se va a encontrar con un montón de gente que, no solo se lo cree, sino que son tan serias y comprometidas como para cambiar el mundo. Y, de paso, desmontar la monstruosidad que él mismo representa.

Señor Trump:

Yo sí me lo creo, porque la semana pasada nos juntamos en Valsaín el grupo de técnicas y técnicos que coordinamos las redes de escuelas para la sostenibilidad. Y resulta que, entre todas, sumamos a más de un millón de escolares.



Yo sí me lo creo, porque –como no hay mal que por bien no venga-, tras recomponer el programa del encuentro, incluimos un taller para incorporar la mirada ecofeminista a nuestros programas de educación ambiental.


Yo sí me lo creo, porque el lunes en el CONAMA –entre stands de ENDESA o Ecoembes- también estuvimos el sector de la educación ambiental, reclamando nuestro hueco entre tanto greenwhasing y nuevos enfoques, como el de género.



Yo sí me lo creo, porque el miércoles estuve en Baltanás y ayer en Ampudia. Y resulta que niños y niñas del CEIP San Pedro quieren un camino escolar y un carril bici para poder ir solos al cole, y hablar, y no contaminar. Y niños y niñas del CEIP Conde de Vallellano quieren seguir produciendo compost para abonar su huerto, y plantar árboles frutales, y enlazar lo que comen y cómo se produce con la conservación de los ecosistemas.





Aunque no viniese la AEMAT con estos cambios –y seguro que sus agencias meteorológicas van por ese camino- yo sí me lo creería, señor Trump. Y si me lo creo, nos lo creemos mucha gente, es porque “mientras agite el viento la mar y los peces canten su canción”, no queremos viajar a Marte, sino “seguir con nuestro cantar mientras sea la ternura un don.”



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